Proceso de creación de “Cien años de soledad”

acienEl escritor colombiano Gabriel García Márquez recreó la epopeya que supuso el proceso de creación de “Cien años de soledad” y
aseguró que nunca ha hecho otra cosa en su vida que escribir historias para “hacer más feliz la vida a un lector inexistente”.

“Sólo sé que desde que tenía 17 años, y hasta la mañana de hoy, no he hecho cosa distinta que levantarme temprano todos los días, sentarme frente a un teclado para llenar una página en blanco o una pantalla vacía del computador, con la única misión de escribiruna historia, aún no conocida por nadie, que le haga más feliz la vida a un lector inexistente”. En su rutina de escribir “nada ha cambiado desde entonces”. El escritor dijo que si los lectores de “Cien años de soledad” se reunieran todos juntos, “sería uno de los veinte países más poblados del mundo”. “No es jactancia”, aseguró, sino una forma de aludir a los millones de personas que hay deseosas de leer obras en español. “El desafío es para todos los escritores”. Con 38 años, y ya con cuatro libros publicados, empezó a escribir las primeras palabras de su obra cumbre: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota…”. No tenía “la menor idea” de lo que significaban esas palabras ni de cómo seguiría después. Pero no dejó de escribir “ni un solo día” durante 18 meses hasta que terminó el libro. Uno de sus problemas “más apremiantes era el papel para la máquina de escribir”. Creía que los errores de mecanografía eran “errores de creación” y cada vez que se confundía, rompía la hoja y empezaba de nuevo.

El escritor tampoco sabe cómo sobrevivieron su mujer, Mercedes Barcha, y él durante el tiempo que duró el proceso de escritura, pero “no faltó ni un día la comida en la casa”, dijo García Márquez, mientras todos los asistentes rendían homenaje a la mujer del escritor con un prolongado aplauso. Resistieron la tentación de pedir préstamos, pero no tuvieron más remedio que empeñar las joyas familiares de Mercedes, que para ellos eran auténticas. El experto las examinó con “ojos de cirujano” y les dijo que todo aquello que le llevaban era “puro vidrio”. En los momentos de mayores dificultades se presentó el casero con la pretensión de que les pagara el alquiler. Mercedes fue tajante: “venga dentro de seis meses”; tan segura estaba de que el libro que Gabo tenía entre manos sería publicado. En agosto de 1966 fueron a Correos para enviar a Buenos Aires, a la editorial Sudamericana, las 590 cuartillas, a máquina y a doble espacio, de “Cien años de soledad”. El empleado de Correos les pidió 82 pesos y ellos sólo llevaban 53. Tuvieron que abrir el paquete y enviar sólo una parte, que, por error, fue la segunda y no la primera mitad de la obra. Al editor no debió importarle la equivocación porque le escribió a García Márquez pidiéndole urgentemente la primera parte de la novela. La segunda le había gustado tanto que le adelantó el dinero. Lo demás ya es historia.

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